Capítulo 3

Qué es el dinero y cómo surgió

Lo que creés que sabés sobre el dinero

Todos usamos dinero todos los días. Lo ganamos, lo gastamos, lo transferimos, lo perdemos, lo deseamos. Es tan familiar que casi nunca nos detenemos a preguntarnos qué es realmente.

Si le preguntás a alguien en la calle qué es el dinero, probablemente te responda señalando un billete: "esto es dinero". O quizás diga que es "lo que el gobierno emite" o "lo que el banco central controla".

Esas respuestas describen una forma que tomó el dinero en un momento histórico particular. Pero no explican qué es el dinero en esencia, por qué existe, ni por qué la gente lo acepta.

Y esa diferencia importa enormemente. Porque si no entendés qué es el dinero en esencia, no podés entender qué le pasa cuando se deteriora, por qué la inflación es destructiva, ni por qué ciertos activos funcionan como reserva de valor y otros no.

El problema del trueque

Antes de que existiera el dinero, las personas intercambiaban bienes directamente. Si tenías trigo y necesitabas carne, buscabas a alguien que tuviera carne y necesitara trigo. Intercambiaban y listo.

En teoría suena simple. En la práctica era un caos.

El problema se llama doble coincidencia de necesidades. Para que el trueque funcione, no alcanza con que vos tengas lo que el otro quiere. El otro también tiene que tener exactamente lo que vos querés, en la cantidad que querés, en el momento en que querés. Y esa coincidencia, en una economía con miles de bienes distintos, es extraordinariamente rara. En un grupo extremadamente pequeño (como una familia por ejemplo) puede que tenga sentido. Pero en grupos de decenas de personas se vuelve imposible.

▲ Interactivo — Doble coincidencia de necesidades

Cada persona que se suma a una economía de trueque exige manejar más combinaciones posibles de intercambio. Agregá personas y observá cómo crece la complejidad.

Pensá en un músico que quiere comprar pan. Necesita encontrar un panadero que en ese momento quiera exactamente una actuación musical. Si el panadero quiere zapatos, hay que encontrar un zapatero que quiera música. Y así sucesivamente. La cadena se vuelve inmanejable.

El trueque no desapareció porque alguien lo prohibiera. Desapareció porque era profundamente ineficiente. Y en su lugar surgió algo que resolvía ese problema de manera brillante.

El surgimiento espontáneo del dinero

Aquí viene una de las ideas más fascinantes de la escuela austríaca, desarrollada por Carl Menger: el dinero no fue inventado ni diseñado por nadie. Surgió espontáneamente del mercado.

Nadie se sentó un día a pensar "voy a inventar el dinero". Lo que ocurrió fue un proceso gradual y descentralizado, resultado de miles de decisiones individuales que, sin coordinarse, convergieron en el mismo punto.

El proceso fue más o menos así: en cualquier comunidad que intercambia bienes, hay algunos bienes que son más fácilmente intercambiables que otros. Quizás el ganado, la sal, el trigo, o los metales. Alguien que tiene trigo y quiere zapatos, pero no encuentra un zapatero que quiera trigo, descubre que casi todo el mundo acepta sal. Entonces intercambia su trigo por sal, no porque quiera sal, sino porque sabe que con sal puede conseguir los zapatos más fácilmente.

Ese comportamiento se repite y se expande. Cada persona que adopta el bien más intercambiable como intermediario hace que ese bien sea todavía más intercambiable, porque aumenta la cantidad de gente que lo acepta. Es un proceso que se retroalimenta.

Al final del proceso, uno o pocos bienes terminan siendo aceptados por prácticamente todos como medio de intercambio. Eso es el dinero: el bien más intercambiable de una economía, aceptado no por su valor de uso directo sino como intermediario para obtener otros bienes.

Mises formalizó esto en lo que se conoce como el teorema regresivo: el valor del dinero hoy se explica por su poder adquisitivo ayer, que a su vez se explica por el día anterior, y así hacia atrás hasta llegar al momento en que ese bien era valorado directamente por su utilidad, antes de convertirse en dinero. El dinero siempre tiene una historia de mercado detrás.

Por qué ganaron los metales preciosos

A lo largo de la historia, en culturas separadas por miles de kilómetros y sin ningún contacto entre sí, el proceso convergió casi siempre en los mismos materiales: el oro y la plata.

No fue casualidad ni conspiración. Fue que el oro y la plata reunían de manera casi perfecta todas las propiedades que un buen dinero necesita:

Escasez. No hay oro en abundancia infinita. Su oferta crece lentamente y no puede ser manipulada fácilmente. Eso lo protege de la devaluación.

Durabilidad. El oro no se oxida, no se pudre, no se deteriora con el tiempo. Un lingote de oro de hace dos mil años sigue siendo oro hoy.

Divisibilidad. Se puede cortar en porciones más pequeñas sin perder valor proporcional. Un gramo de oro vale exactamente la centésima parte de cien gramos.

Homogeneidad. Un gramo de oro puro es idéntico a cualquier otro gramo de oro puro, en cualquier parte del mundo. No hay que evaluar cada unidad individualmente.

Portabilidad. Concentra mucho valor en poco volumen y peso, lo que facilita el transporte.

Verificabilidad. Se puede comprobar su pureza y peso con relativa facilidad.

Ningún otro bien reunía todas esas propiedades juntas con la misma eficiencia. Por eso el mercado, sin que nadie lo decretara, eligió los metales preciosos como dinero durante milenios.

Del oro al papel: la gran transformación

Si el oro era tan bueno, ¿cómo llegamos a los billetes de papel?

El proceso fue gradual y en buena medida fue una historia de conveniencia que derivó en abuso.

Primero aparecieron los orfebres y custodios que guardaban el oro de la gente a cambio de recibos. En lugar de cargar físicamente el oro para cada transacción, la gente empezó a intercambiar esos recibos. El recibo era más cómodo que el metal. Y funcionaba bien porque representaba oro real, guardado en algún lugar.

Con el tiempo esos recibos se convirtieron en billetes, y las instituciones que los emitían en bancos. Hasta ahí el sistema era razonablemente honesto: cada billete era un certificado de depósito de oro real.

El problema llegó cuando los emisores descubrieron que podían emitir más recibos que el oro que tenían en reserva, porque en condiciones normales no todos venían a retirar el oro al mismo tiempo. Ahí nació la banca de reserva fraccionaria y ahí nació también el germen de todos los problemas monetarios que vinieron después.

El paso final fue la ruptura total con el oro. En 1971, el presidente de Estados Unidos Richard Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro. Desde entonces, el dinero mundial es lo que se llama dinero fiat: dinero por decreto, que no representa ningún bien real, cuyo valor descansa únicamente en la confianza y en la obligación legal de aceptarlo.

Qué es entonces el dinero que tenés hoy en el bolsillo

El billete que tenés en la mano no representa nada físico. No podés ir a ningún banco y cambiarlo por oro o por ningún otro bien concreto. Vale porque el Estado dice que vale, porque la ley obliga a aceptarlo, y porque la gente confía —mientras confía— en que mañana va a seguir valiendo algo similar a lo que vale hoy.

Esa confianza es el único respaldo del dinero moderno.

Y eso tiene una consecuencia muy concreta: a diferencia del oro, cuya oferta es limitada por la naturaleza, el dinero fiat puede ser creado en cantidades ilimitadas por quien tiene el poder de hacerlo. Sin necesidad de extraerlo, refinarlo ni conseguirlo. Con una decisión política y una impresora —hoy en día, con un asiento contable en una pantalla.

Las funciones del dinero

Antes de cerrar el capítulo, vale la pena nombrar las tres funciones clásicas que el dinero cumple:

Medio de intercambio. Es la función original y más importante. El dinero permite intercambiar bienes sin necesidad de doble coincidencia de necesidades. Resuelve el problema del trueque.

Unidad de cuenta. El dinero permite expresar el valor de todos los bienes en una escala común. Sin esa unidad de medida, comparar precios y tomar decisiones económicas sería enormemente más complejo.

Reserva de valor. El dinero permite trasladar poder adquisitivo en el tiempo. Ganás hoy, guardás, y gastás mañana. Para que esta función opere bien, el dinero tiene que ser relativamente estable. Un dinero que pierde valor rápidamente deja de funcionar como reserva de valor y obliga a la gente a deshacerse de él lo antes posible.

Lo que aprendiste en este capítulo

  • El dinero no fue inventado ni decretado: surgió espontáneamente del mercado como solución al problema del trueque
  • El dinero es el bien más intercambiable de una economía, aceptado como intermediario en los intercambios
  • El oro y la plata ganaron históricamente porque reunían las propiedades óptimas: escasez, durabilidad, divisibilidad, homogeneidad, portabilidad y verificabilidad
  • El paso del oro al papel fue gradual y terminó en el dinero fiat: dinero por decreto sin respaldo en ningún bien real
  • El dinero fiat puede crearse en cantidades ilimitadas, lo que destruye su función como reserva de valor
  • El dinero cumple tres funciones: medio de intercambio, unidad de cuenta y reserva de valor