Capítulo 9

La inflación

El impuesto que nadie votó

La definición que te enseñaron está mal

Si le preguntás a cualquier persona qué es la inflación, te va a responder algo así: "la suba generalizada de los precios". Esa es la definición que aparece en los manuales escolares y en boca de casi todos los economistas que salen en televisión.

Es una definición que describe un síntoma pero oculta la causa.

Decir que la inflación es la suba de precios es como decir que la fiebre es el aumento de la temperatura corporal. Técnicamente correcto, pero completamente inútil para entender qué está pasando y por qué.

La definición correcta, la que usaba Mises y toda la tradición austríaca, es esta: la inflación es el aumento de la cantidad de dinero en circulación. La suba de precios no es la inflación. Es la consecuencia visible de la inflación.

Esa distinción cambia todo. Si la inflación es expansión monetaria, entonces la responsabilidad apunta en una sola dirección: hacia quien tiene el poder de crear dinero.

Por qué subir los precios no funciona sin más dinero

Imaginá una economía con exactamente 1.000 pesos circulando y 100 bienes disponibles. En promedio, cada bien cuesta 10 pesos.

Ahora imaginá que un empresario decide subir el precio de su producto de 10 a 20 pesos. Si la cantidad total de dinero sigue siendo 1.000 pesos, los consumidores que gastan 20 en ese producto tienen 10 menos para gastar en otros. La demanda de otros bienes cae. Sus precios bajan. El nivel general de precios no cambia de manera sostenida.

Para que los precios suban de manera generalizada y sostenida, tiene que haber más dinero persiguiendo los mismos bienes. Sin expansión monetaria no hay inflación sostenida.

▲ Interactivo — El dinero nuevo y los precios

Una economía con 100 bienes disponibles y $1.000 circulando tiene un precio promedio de $10 por bien. ¿Qué pasa cuando el gobierno emite más dinero sin crear más bienes?

Precio promedio por bien
Tus $1.000 ahorrados compran
Poder adquisitivo perdido

Cómo se crea el dinero que genera inflación

El banco central crea dinero de dos maneras principales. La primera es comprando bonos del gobierno: el gobierno emite deuda, el banco central la compra acreditando pesos que no existían antes. La segunda es prestando al sistema bancario a tasas bajas, permitiendo que los bancos expandan el crédito.

En Argentina, el mecanismo más devastador históricamente fue el primero: el gobierno gasta más de lo que recauda y le pide al banco central que emita los pesos necesarios. Eso se llama monetización del déficit, y es la fuente primaria de la inflación crónica argentina.

Ese mecanismo es en esencia un impuesto. El gobierno obtiene recursos reales a cambio de pesos recién creados. Pero esos pesos nuevos diluyen el valor de todos los pesos existentes. Quien pierde poder adquisitivo es quien tiene pesos: los asalariados, los ahorristas, la clase media.

El efecto Cantillon: no todos pierden igual

Richard Cantillon, economista irlandés del siglo XVIII, observó algo que sigue siendo completamente válido hoy: el dinero nuevo no llega a todos al mismo tiempo ni en las mismas cantidades.

Los primeros en recibir el dinero nuevo son quienes están más cerca del punto de emisión: el gobierno, los bancos, las grandes empresas con acceso al crédito barato. Esos actores reciben el dinero nuevo antes de que los precios hayan ajustado. Pueden comprar bienes y activos a precios todavía viejos con dinero ya inflado.

Los últimos en recibir ese dinero son los trabajadores asalariados, los jubilados, los pequeños ahorristas. Para cuando el dinero nuevo llega a sus manos, los precios ya subieron.

La inflación no es solo una pérdida general de poder adquisitivo. Es una transferencia sistemática de riqueza desde los que están lejos del punto de emisión hacia los que están cerca. Es un mecanismo que empobrece a los más vulnerables y enriquece a los mejor conectados con el sistema financiero y político.

El efecto Cantillon: quién gana y quién pierde

1
Gobierno y sistema financiero — reciben primero
El dinero recién emitido llega primero al Estado y a los bancos. Los precios todavía no ajustaron. Pueden comprar activos, pagar deudas y financiar gasto a precios viejos con dinero nuevo.
Ganan poder adquisitivo real antes de que el mercado se dé cuenta.
2
Empresas con acceso al crédito — reciben después
Las empresas grandes toman crédito barato y se expanden. Los precios ya empezaron a subir, pero tienen activos físicos e inventarios que se revalorizan con la inflación. Pueden adaptarse.
Ni ganan ni pierden tanto — tienen herramientas para cubrirse.
3
Asalariados, jubilados y ahorristas — reciben último
Para cuando el dinero nuevo llega a sus manos — via salarios o haberes — los precios ya subieron. Sus pesos compran menos. Sus ahorros en efectivo se diluyeron.
Pagaron el impuesto inflacionario sin que nadie les pidiera permiso.

La inflación no redistribuye al azar. Transfiere sistemáticamente desde quienes están lejos del punto de emisión hacia quienes están cerca. Es el impuesto más regresivo que existe: pesa más sobre quienes menos tienen.

Lo que la inflación destruye más allá de los precios

La inflación no solo reduce el poder adquisitivo del dinero. Destruye el cálculo económico.

Para que el sistema de precios funcione como mecanismo de coordinación, los precios tienen que ser relativamente estables y predecibles. Con inflación alta e impredecible, eso se vuelve imposible. Los contratos a largo plazo se vuelven imposibles de redactar. La incertidumbre se dispara. Las decisiones de inversión se acortan dramáticamente.

El resultado es una economía que se vuelve progresivamente más cortoplacista, más especulativa, y menos capaz de generar crecimiento genuino de largo plazo.

La hiperinflación: cuando el sistema colapsa

La hiperinflación ocurre cuando la población pierde completamente la confianza en la moneda y empieza a deshacerse de ella lo más rápido posible. Si todos creen que el dinero va a valer menos mañana, todos intentan gastarlo hoy. Esa mayor velocidad de circulación amplifica el efecto inflacionario. Los precios empiezan a subir por horas. El sistema de precios colapsa.

Argentina vivió su episodio más grave en 1989, con inflación de casi 3.000% anual. La hiperinflación no es un accidente. Es el destino lógico de una política de emisión sin límites llevada hasta sus consecuencias finales.

Cómo protegerte de la inflación

Si la inflación es la expansión de la cantidad de dinero, la manera de protegerse de ella es no tener el patrimonio concentrado en dinero.

El oro es el ejemplo histórico más sólido: no puede crearse de la nada y a lo largo de siglos ha mantenido su poder adquisitivo de manera notable.

Los inmuebles bien ubicados tienden a preservar valor porque representan algo físico y escaso.

Las acciones de empresas que producen bienes reales tienden a ajustar con la inflación.

Y en el contexto argentino, el dólar funcionó históricamente como refugio no porque sea una moneda perfecta, sino porque se deprecia mucho más lentamente que el peso.

Lo que definitivamente no protege es el efectivo en pesos guardado sin invertir.

Lo que aprendiste en este capítulo

  • La inflación no es la suba de precios sino el aumento de la cantidad de dinero: la suba de precios es su consecuencia
  • Sin expansión monetaria no hay inflación sostenida
  • La inflación es un impuesto encubierto: transfiere recursos desde la sociedad hacia quien emite el dinero
  • El efecto Cantillon: los primeros en recibir el dinero nuevo ganan, los últimos pierden
  • La inflación destruye el cálculo económico y comprime el horizonte de decisión de toda la economía
  • La hiperinflación es el colapso del sistema de precios cuando la confianza en la moneda desaparece
  • Protegerse de la inflación significa no concentrar el patrimonio en dinero: activos reales preservan valor mejor